Mi disciplina está hecha de hierro.
Nadie sabe cómo lo consigue. Desde cualquier remoto punto del mundo en donde se encuentre cantando mantiene una comunicación constante, diaria, con su esposa, Miranda, y sus hijos, a los que adora. Sigue la actualidad política de España y conserva una viva curiosidad por todo. Posee a sus 70 años un excedente vital casi temerario. Es infatigable. Ha hecho de la disciplina costumbre.
Los más de 300 millones de discos vendidos y el viaje infinito de país en país cantando son muestra de un talento que da siempre en la diana y una fuerza de seducción y de voluntad que nunca le han dejado. Directo y locuaz, perfeccionista e impredecible, con un sentido del humor burlón, confiesa que los años le han descubierto que “el azúcar es malo y que se te cae el pelo”. Pero también “a no juzgar a la gente, a no sentirme culpable y a distinguir la generosidad de la avaricia”, dijo hoy a Efe en una entrevista telefónica.

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