Los chicos con los chicos.

Es tan bella la amistad, tiene tantos valores y puede enriquecer tanto a las personas que, con frecuencia, los padres queremos convertirla también en la forma de relación con nuestros hijos. Profundo error. Los verdaderos amigos de nuestros hijos -ellos y ellas- serán los que tienen su misma edad, sus mismos problemas, ilusiones e inquietudes. Y nada de eso tenemos nosotros. Sin embargo, compartir sus mismas aficiones puede ser una excusa perfecta para llegar a su intimidad.

 No hemos de pretender ocupar el puesto de los amigos y amigas de nuestros hijos, pues les haríamos un flaco servicio; como no podemos pretender, cuando pasen los años, ocupar el puesto de sus esposos o esposas. De todas maneras, sus padres podemos -y debemos- vivir con los hijos muchos valores que son propios de la amistad, la confianza, la lealtad, el cariño, la generosidad, el altruismo.

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