Enseñar a perder
Hay una pregunta que, como si se tratara de un balón de fútbol, merodea una y otra vez el área grande y también el área chica de mi mente. Permíteme despejarla con fuerza para que llegue hasta ti: ¿Por qué no aprovechar el fútbol para educar a los niños en una sana e importante actitud en cualquier fase de la vida: saber perder?
Me desmarco del fanatismo deportivo para sugerir algunas posibles lecciones (las planteo brevemente, como un pase en corto, quizá un taquito, pues cada quien sabrá cómo jugarlas): -
No siempre se gana. - Hasta los más grandes han perdido. - Es peor rendirse que ser vencido. - Hay que aprender de la derrota.
- El mundo no se acaba por causa de un traspié. - A veces pierde el mejor. - En ocasiones, la derrota es justa. - En ocasiones, la derrota es injusta.
- Parece contradictorio: pero a veces la derrota es una victoria (y la victoria una derrota). - Debemos estar atentos a no convertirnos en nuestro más acérrimo rival. - ¿Será el camino correcto buscar y señalar culpables cada vez que perdemos? Cuando nos ganen, debemos reconocer nuestra cuota de responsabilidad. - La violencia (física o verbal) no es la mejor reacción ante la caída. - Hay que reconocer las virtudes del contrario. - Un contrincante no es un enemigo. - Es importante conservar el sentido del humor ante la derrota. - Hay que perder con dignidad, con la frente en alto. - La grandeza se demuestra más en la derrota que en la victoria. - La pérdida es una hoja que se pasa; no una página en la cual nos tenemos que estancar. - Las caídas nos fortalecen. - Dale el lugar y el peso que se merecen a las voces negativas y destructivas que surgen cuando el resultado no es el esperado. El mundo está lleno de directores técnicos, expertos y comentaristas postpartido. - Si piensas que vas a perder, es altamente probable que así sucederá. - Nunca, ante un aparente fracaso, asumas la actitud del 'pobrecito yo'. - No caigas en el ridículo de dar excusas baratas como culpar al clima, la cancha, el árbitro, el peso de la bola, el tamaño de los tacos, el elástico de la pantaloneta, lo pesado del viaje... - Evita el vicio de las apelaciones. Lo que se perdió, se perdió. - Las derrotas no se evitan con fórmulas mágicas como 'sí se puede, sí se puede'. Hace falta mucho más que eso para que no ocurran. - Por lo general, no es conveniente tomar grandes o importantes decisiones con la pérdida aún caliente. - En caso de un traspié, asegúrate de tener la lengua debidamente conectada al cerebro. Espero que esta pregunta-balón llegue hasta ti. De ser así, te recomiendo recibirla con la cabeza (cerebro) y también amortiguarla con el pecho (corazón).
Me desmarco del fanatismo deportivo para sugerir algunas posibles lecciones (las planteo brevemente, como un pase en corto, quizá un taquito, pues cada quien sabrá cómo jugarlas): -
No siempre se gana. - Hasta los más grandes han perdido. - Es peor rendirse que ser vencido. - Hay que aprender de la derrota.
- El mundo no se acaba por causa de un traspié. - A veces pierde el mejor. - En ocasiones, la derrota es justa. - En ocasiones, la derrota es injusta.
- Parece contradictorio: pero a veces la derrota es una victoria (y la victoria una derrota). - Debemos estar atentos a no convertirnos en nuestro más acérrimo rival. - ¿Será el camino correcto buscar y señalar culpables cada vez que perdemos? Cuando nos ganen, debemos reconocer nuestra cuota de responsabilidad. - La violencia (física o verbal) no es la mejor reacción ante la caída. - Hay que reconocer las virtudes del contrario. - Un contrincante no es un enemigo. - Es importante conservar el sentido del humor ante la derrota. - Hay que perder con dignidad, con la frente en alto. - La grandeza se demuestra más en la derrota que en la victoria. - La pérdida es una hoja que se pasa; no una página en la cual nos tenemos que estancar. - Las caídas nos fortalecen. - Dale el lugar y el peso que se merecen a las voces negativas y destructivas que surgen cuando el resultado no es el esperado. El mundo está lleno de directores técnicos, expertos y comentaristas postpartido. - Si piensas que vas a perder, es altamente probable que así sucederá. - Nunca, ante un aparente fracaso, asumas la actitud del 'pobrecito yo'. - No caigas en el ridículo de dar excusas baratas como culpar al clima, la cancha, el árbitro, el peso de la bola, el tamaño de los tacos, el elástico de la pantaloneta, lo pesado del viaje... - Evita el vicio de las apelaciones. Lo que se perdió, se perdió. - Las derrotas no se evitan con fórmulas mágicas como 'sí se puede, sí se puede'. Hace falta mucho más que eso para que no ocurran. - Por lo general, no es conveniente tomar grandes o importantes decisiones con la pérdida aún caliente. - En caso de un traspié, asegúrate de tener la lengua debidamente conectada al cerebro. Espero que esta pregunta-balón llegue hasta ti. De ser así, te recomiendo recibirla con la cabeza (cerebro) y también amortiguarla con el pecho (corazón).

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