Cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa
Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él y en los amigos que nos fallan.
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