Vinos Dominicanos. Las uvas de Neyba
Si algo caracteriza al mundo de la vid y el vino es que requiere de mucha perseverancia y grandes dosis de paciencia, porque el proceso de transformar el jugo de la uva en una bebida con otros valores más allá de los meramente digestivos no acontece de la noche a la mañana. Tesón, paciencia, pero, sobre todo, mucha voluntad es lo que ha inspirado al Instituto Dominicano de la Uva (INUVA) y al proyecto de producción vitivinícola en República Dominicana, que luego de varios años de avances y retrocesos, empieza, con los primeros pasos de comercialización de sus vinos, a dar por fin muestras de una consolidación en firme.
En 2004 vieron la luz los primeros frutos de la bodega piloto en Neyba, una producción de unas 2,500 botellas entre tintos, rosados y blancos que empezaron a llamar la atención de quienes las degustaron. Cinco años después, ya puede hablarse de una producción expandida, comercialización incipiente, y un paulatino, pero firme, fortalecimiento del sector vitivinícola provincial, de la mano de INUVA
INUVA se fundó a principios de 1998 como una institución descentralizada cuya función es establecer políticas para el desarrollo vitivinícola en la República Dominicana, brindando a su vez asistencia técnica a los viticultores, respaldando la investigación vitícola, estimulando la producción y productividad mediante la transferencia tecnológica, adiestrando a los productores y ejecutando acciones de promoción e industrialización de la vid.
La provincia de Bahoruco, donde tiene su sede el Instituto, es la segunda más pobre de la República Dominicana y en ella se concentran tres principales áreas municipales de producción: Neyba, Galván y Los Ríos. En Neyba tradicionalmente ha habido una importante producción de vid, mayormente para consumo doméstico y de mesa. Un racimo de uvas de mesa de Neyba destaca por su intenso color, la relativa uniformidad del tamaño de sus bayas, y en boca por su dulzor, fino hollejo y blanda textura de su pulpa.


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