Hubo alguien, hace mucho tiempo, que enseñaba diciendo:
‘’…ama a tu prójimo como a ti mismo… …trata a los demás como tu quieres que te traten… …ama aun a los que te aborrecen…
…hay que nacer de nuevo para entrar en el reino de los cielos…
…Yo soy el camino, la verdad y la vida… …el que a mí viene no le hecho fuera…
…mi paz os dejo mi paz os doy; no como el mundo la da Yo la doy…’’
Ese alguien, la única e inagotable fuente de amor y bondad, el motor necesario para que podamos cambiar individualmente y por ende, nacionalmente, se llama Jesús.
Sólo cuando Jesús entra en la vida del ser humano es posible la verdadera transformación interior. Nuestra fuerza es insuficiente por nuestra naturaleza de maldad.
Es por nuestra naturaleza que llegamos a cometer los más horribles actos de adulterio y fornicación, aun en nuestra mente…
Es por nuestra naturaleza que murmuramos, que proferimos palabras hirientes a las otras personas… Es por nuestra naturaleza que codiciamos lo que no es nuestro… Es por nuestra naturaleza que odiamos, mentimos y juzgamos.

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