El verdadero valor de las cosas

Las cosas son cosas y las personas son personas. Nunca antepongas las primeras por las segundas. ¿Qué quiero decir con esto? No le pegues un rapapolvo histórico a tu hijo porque se le cayó algo en el sofá nuevo. La correcta formación de la personalidad no se construye a base de rapapolvos. Lo mismo vale para cualquier otra persona. Asimismo, con esto me refiero a que no vale la pena martirizarse por querer algo y no poder conseguirlo; o querer conservar intacto un bien que nos es de mucho aprecio; o matarnos a trabajar no porque amemos nuestro trabajo o porque realmente lo necesitemos, sino para conseguir bienes materiales que creemos que harán de nuestra vida el justo merecimiento de nuestra persona. Recuerda, las cosas son cosas y nada más.  Conseguirlas no sólo no lleva verdadera felicidad sino que, como diría Buda, su deseo suele ser la causa de la infelicidad. Y como ya debes saber, una vez consigues lo que quieres… ¡sorpresa! Ahora quieres otra cosa un poquito mejor. Por ello, no caigas en la trampa del consumismo, vive una vida lo más frugal que puedas y disfruta de los pequeños placeres de la vida.

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