
El término estigma, creado por los griegos para referirse a las señales corporales, con las cuales se procuraba evidenciar alguna cosa extraordinaria, mala o imperfecta sobre el status moral de quien la presentaba. Estas señales hechas con fuego o con cortes en el cuerpo denotaban que el portador era un esclavo, un traidor o un criminal. Una persona marcada ritualmente estaba socialmente contaminada, por lo que su contacto debía ser evitado, especialmente en lugares públicos. Actualmente, el término es ampliamente usado de manera un tanto semejante en el sentido literal original, estableciendo las sociedades los medios de categorizar a las personas y los ambientes sociales preestablecidos. La rutina del relacionamiento social en ambientes preestablecidos permite la relación con otras personas, sin previa reflexión particular. Así cuando entramos en contacto con una persona extraña, los primeros aspectos que vemos en ella nos permiten prever su categoría e identidad social, que incluye atributos como la honestidad, seriedad - de la misma forma que existen atributos estructurales, como la ocupación o formación. Aunque hoy, en muchas sociedades, el relacionamiento social viene basado en los símbolos materiales asociados al prestigio, que son utilizados con fines de transmitir la información social, que las personas traen. Basados en esos preconceptos, vamos transformando una serie de expectativas e exigencias hacia la persona, creando una identidad virtual de la persona, que se va conformando en su identidad real.
Leer más
Comentarios