La última extravagancia de los ricos: mascarillas faciales de oro
La gente rica siempre ha hecho cosas peculiares con el oro, principalmente para demostrar que puede.
Durante
los años de auge de Japón, los banqueros mezclaban polvo de oro en sus
capuchinos. Los enemigos del general romano Marco Licinio Craso,
entretanto, presuntamente lo liquidaron vertiendo oro derretido en su
garganta como castigo por su sed aparentemente insaciable por la riqueza
y el poder.
También
está Pavenooch Srimongkolchai, de 34 años, catedrática tailandesa de
terapia física. A ella y sus amigas les gusta someterse a faciales con
lociones infundidas de oro para obtener un aspecto especial y extra
radiante.
Siga leyendo el texto completo publicado en The Wall Street Journal Americas:
“Es
realmente emocionante cuando estoy acostada sobre la mesa de
tratamiento. Me digo: ‘¡Tengo oro en mi cara!’”, cuenta Pavenooch,
envuelta en una toalla para otro tratamiento de US$200.
Con
los precios del oro constantemente en los titulares —el metal registra
un nuevo récord o una pronunciada corrección, dicen analistas rivales—
más personas en Tailandia están buscando tratamientos faciales de oro.
Éstos implican un masaje con partículas de oro en la piel para eliminar
toxinas y crear la impresión de un resplandor saludable. También está
disponible en Estados Unidos y Japón, entre otros países.
Una
revisión de tratamientos faciales con oro por parte de un equipo de
especialistas en el Hospital Universitario de Leipzig, Alemania, en
2010, no encontró pruebas que “apoyen o refuten la eficacia del oro en
el cuidado facial”.
Pero en Tailandia, al menos, cuanto más sube el precio del oro, mayor es la demanda para tratamientos de oro en el spa.
“A
nuestros clientes les gusta eso”, dijo Kanokporn Khemataechit,
presidenta y fundadora de la cadena de spas Princess Beauty and Spa, con
sede en Bangkok. “Hace parecer (al tratamiento) más exclusivo”.
Muchos
economistas cuestionan el enamoramiento de la humanidad con el metal.
El analista Nouriel Roubini sugiere que la gente inquieta por el clima
económico global acapare latas de rosbif. La gente puede comer más carne
que oro, razona.
Por
mientras dure la emoción por el oro, Kanokporn dice que seguirá
ofreciendo tantos faciales como pueda. “Algunas de nuestras clientes han
estado viniendo aquí durante 15 o 20 años, y a medida que envejecen se
vuelven más exigentes, buscan nuevas cosas que las hagan parecer más
jóvenes”.

Comentarios