Paz en medio de la tormenta; calma en la batalla; gozo en tu corazón; limpio por mi sangre; salvo por mi gracia
Ellos asombrados se preguntaban: quien es este, que hasta el viento y el mar le obedecen. [Mateo 8:27]
“No hay ni siquiera uno” dice David en los Salmos y lo repite Pablo en el Nuevo testamento, diferentes tiempos, el mismo sentido. [Salmo 14:3 / 53:3 / Romanos 3:12 / 1 corintios 6:5]
Pero esta frase la quiero llevar a otro tópico, con otro significado, “no hay ni siquiera uno” que no se haya sumergido en la tormenta de su vida, agitando un corazón, lastimando el alma, corrompiendo un cuerpo, o mutilando con un pensamiento, no creo que haya uno.
Y no se cual sea tu pecado, pero él si lo sabe, pues no hay lugar donde esconderse de su gloriosa presencia.
Pero lo bueno es que en esas batallas cuando creemos que todos se nos alejan; cuando todo se nos nubla; cuanto nadie te da una mano; cuando nadie te da un consuelo; cuando nadie acude a tu auxilio, solo hay uno que no mira tus faltas, si no que mira tu corazón; uno que cuando los tuyos te acusaron, Jesús no tomó la piedra para lanzártela; uno que no fue invitado a tus fiestas, pero que si te acompañó en tu soledad y cuidaba de tu vida, sabes por qué, pues él sabía que tu corazón le iba a llamar, y que él te iba a escuchar, no importa la hora, no importa el lugar, no importa la circunstancias, pues el Hijo del Hombre está dispuesto a compartir contigo y ayudarte a levantar tu cruz, pues él conoce tu dolor, porque él pago el precio para nuestra salvación. LEER MAS.
“No hay ni siquiera uno” dice David en los Salmos y lo repite Pablo en el Nuevo testamento, diferentes tiempos, el mismo sentido. [Salmo 14:3 / 53:3 / Romanos 3:12 / 1 corintios 6:5]
Pero esta frase la quiero llevar a otro tópico, con otro significado, “no hay ni siquiera uno” que no se haya sumergido en la tormenta de su vida, agitando un corazón, lastimando el alma, corrompiendo un cuerpo, o mutilando con un pensamiento, no creo que haya uno.
Y no se cual sea tu pecado, pero él si lo sabe, pues no hay lugar donde esconderse de su gloriosa presencia.
Pero lo bueno es que en esas batallas cuando creemos que todos se nos alejan; cuando todo se nos nubla; cuanto nadie te da una mano; cuando nadie te da un consuelo; cuando nadie acude a tu auxilio, solo hay uno que no mira tus faltas, si no que mira tu corazón; uno que cuando los tuyos te acusaron, Jesús no tomó la piedra para lanzártela; uno que no fue invitado a tus fiestas, pero que si te acompañó en tu soledad y cuidaba de tu vida, sabes por qué, pues él sabía que tu corazón le iba a llamar, y que él te iba a escuchar, no importa la hora, no importa el lugar, no importa la circunstancias, pues el Hijo del Hombre está dispuesto a compartir contigo y ayudarte a levantar tu cruz, pues él conoce tu dolor, porque él pago el precio para nuestra salvación. LEER MAS.


Comentarios