Encadenados a la pobreza
Los balcones de la vida están cerrados para muchos ciudadanos. Viven enterrados en la miseria y, lo que es peor, sin esperanzas de poder salir. Las preguntas se me amontonan ante esta triste realidad. ¿Acaso puedo decir que soy feliz si mi semejante se halla encadenado a la pobreza y soy incapaz de liberarlo del suplicio? ¿Acaso puedo vivir tranquilo ante el dolor de un niño y mirar hacia otro lado? ¿Acaso puedo sentirme humano sin cultivar la mano tendida?. Probablemente, los pobres no existirían si nosotros fuésemos lo que debiéramos ser, personas de corazón, sin otro dominio que la de ser sembradores de ternura. La frialdad del mundo es lo que hoy impera como un obcecado mal sin remedio. Leer mas

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