De buena tinta - Necesitamos que nos puyen...
Pero no a cualquiera.
Debe ser de esos que son entrometidos y que se arrogan el derecho que les otorga su condición de potencia para marcar pauta en asuntos domésticos. Sin importar lo delicado que estos puedan ser.
Una Hillary, por ejemplo. O el ya olvidado Michael Skol, que le disparó a Balaguer "el dardo de los partos" en la crisis post-electoral del 1994. Estos visitantes tienen el raro talento de que tocan la susceptibilidad del dominicano y lo hacen recuperar su dignidad y sentido de soberanía.
Es bueno, y hasta necesario, que los pueblos se sientan agredidos y reaccionen, y expresen su ira, mucho más si es para enfrentar designios superiores. La señora Clinton tal vez no se entere del reperpero que armó con sus declaraciones sobre el trato a los haitianos, a menos que se lo hagan saber en uno de esos cables que se convierten en wikileaks.
El dominicano, sin embargo, puede decir como Sánchez en su tiempo: "todavía hay Patria".

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