La gracia de Dios está sobre mí.

La gracia de Dios me permite enfrentar cada reto o condición benignamente. Ya no temo a la enfermedad, a un accidente, a la escasez o limitación de ningún tipo. La gracia de Dios me llena de seguridad. Confío en la fortaleza, la sabiduría y la guía divinas para vencer cualquier reto. La gracia de Dios satisface todas mis necesidades.

Acepto el don del amor incondicional de Dios. Estoy libre de preocupación, de discordia y de descontento. Soy libre para ser amorosa, amable y feliz. Soy libre para disfrutar la vida. Por medio del favor divino, soy benévola a medida que encuentro mi camino a través de los altibajos de la vida. La gracia de Dios está sobre mí ahora y siempre.

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.—Hebreos 4:16

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