Las reuniones familiares
Si parte de tu tiempo lo pierdes (y digo “lo pierdes” con una intención muy explícita) recogiendo la ropa sucia que dejan tus hijos por el suelo, gritando a los niños para que dejen de pelearse, hagan sus deberes o recojan la mesa. Si un día tras otro te acuestas cansada o cansado de tanto pelearte con ellos, con la sensación de que “estás hablando con las paredes” es que necesitas cambiar muchas cosas o introducir algunas innovaciones en tu hogar.
Las normas, los problemas, los horarios, las tareas familiares, las actividades del fin de semana, los agradecimientos o rencores, ¡todo!, absolutamente todo puede y debe hablarse en familia.
Una buena comunicación en la familia permite a ésta fortalecerse, enriquecerse y sentirse como una unidad. Para conseguir una verdadera comunicación familiar existe una técnica que seguramente todos conoceréis pero que no tantos utilizareis correctamente o con la sistemática que se requiere para ser eficaz: las reuniones familiares.
¿Por qué reuniones familiares?
Porque permiten a la familia, no solo resolver problemas, sino fomentar el respeto y la capacidad de escucha; enseñar a los hijos a hacer sugerencias y ser creativos en las soluciones; a ser responsables y tener en cuenta a los demás; a sentirse importantes dentro del espacio que ocupan en la familia.
Las reuniones permiten mejorar la convivencia de todos los miembros de la familia, evitan luchas de poder y fortalecen los lazos internos. Ayudan a los hijos a formarse una autodisciplina eficaz y les enseñan competencias de negociación y cooperación.
Es cierto que en la mayoría de los hogares no se contempla un tiempo para las reuniones, para la comunicación familiar. El tiempo es oro y todos estamos cansados para introducir nuevas actividades que requieran un esfuerzo y un tiempo complementario pero, si te parece mucho trabajo reunirte con tu familia 20 minutos a la semana, ¿no crees que entonces no tienes claro cuales son tus prioridades?
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