La trampa del tiempo
Por Camile Roldán Soto / end.croldan@elnuevodia.com
Después, más tarde, mañana. Para el procrastinador cualquier momento es ideal menos el ahora. La tarea importante, esa que urge completar, queda relegada por otra sin importancia. El tiempo pasa, el reloj avanza y la lista de asuntos por cumplir se acumula. Siempre hay una excusa para la posposición. Tengo sueño, necesito un café, me falta inspiración, yo trabajo bajo presión, entre otros pretextos suelen repetirse a sí mismos y a los demás los procrastinadores.
Seguramente has dejado las cosas para después más de una vez. En mayor o menor medida, todos lo hacemos. Sin embargo, hay quienes convierten esta conducta en su forma de vida.
Iris es una profesional reconocida y respetada en su campo. Muchos se sorprenderían de su confesión. "Soy lo que llaman una procrastinadora crónica", afirma con ninguna duda. "Lo que hago es dejar las tareas importantes para lo último. Sé lo que tengo que hacer, sé cómo hacerlo y aún así lo dejo para lo último", cuenta a cambio de utilizar un nombre ficticio.
¿Cómo se infiltró esta costumbre en su rutina? Iris sostiene que algún momento sencillamente descubrió que el estrés funciona como un interruptor para su capacidad creativa. A última hora es que siente la motivación necesaria para hacer el trabajo de manera que resulte en el producto que ella espera, ese que la hace sentir orgullosa. Terminar la tarea al filo de cuando se espera le provoca una satisfacción intensa, asegura.
Consciente de que es favorable para ella y muchas veces para quienes le rodean el que trabaje con más antelación ha hecho grandes esfuerzos por cambiar su rutina.
"Me digo que voy a empezar con tiempo y me siento bien conmigo misma pero me aburro rápidamente y vuelvo a dejarlo todo para lo último otra vez".

Comentarios