La nueva mujer
El patrimonio de una persona es, su identidad, su cuerpo, su inteligencia y sus valores. Su orgullo seria, el oficio alcanzado, y la referencia, aprender a vivir en consonancia con sus actos.
Sin embargo, la trascendencia y la permanencia en el tiempo lo garantiza la confrontación a los modelos aprendidos, para así lograr la justa equidad social. Aunque la sociedad no lo digiera, aunque la angustia se adueña de una colectividad reforzada por el machismo y la patrifocalidad, existe una mujer nueva.
Si provocamos la memoria recordaremos los roles asignados décadas atrás: una mujer pasiva, sumisa, domestica, anulada, inactiva y conformista y, de ñapa orgásmica. Hoy, posiblemente la pobreza, la inequidad social y la falta de oportunidad mantienen en sumisión y desesperanza a cientos de mujeres.
Las hay crecidas en su autoestima, validadas en su propia existencia, y asumiendo su cuerpo y su inteligencia como patrimonio de su personalidad, sin relativizarlo y sin reciclarlo en la sociedad de la sustitución; ni bajo el cortejo del hembrismo ni el feminismo y, mucho menos, en el acoso de una patrifocalidad en crisis.
El miedo existe en el modelo, no en las mujeres; la angustia la viven los secuestradores del goce, y en los del amor de la necesidad existencial.
La nueva mujer debe surgir para dar el salto o parir las circunstancias que permitan a las demás mujeres dejar de vivir tan desiguales.
Una mujer proactiva, comprometida, capaz de sintonizar con las demás mujeres y disonante con los procesos maledicientes que afectan a las mujeres. Pienso que esa mujer vive en cualquier hogar, socializa en la escuela o universidad, vive en cualquier barrio o ciudad. Solamente debe asumir con coraje el nuevo rol de la nueva mujer social.
por José Miguel Gómez
Sin embargo, la trascendencia y la permanencia en el tiempo lo garantiza la confrontación a los modelos aprendidos, para así lograr la justa equidad social. Aunque la sociedad no lo digiera, aunque la angustia se adueña de una colectividad reforzada por el machismo y la patrifocalidad, existe una mujer nueva.
Si provocamos la memoria recordaremos los roles asignados décadas atrás: una mujer pasiva, sumisa, domestica, anulada, inactiva y conformista y, de ñapa orgásmica. Hoy, posiblemente la pobreza, la inequidad social y la falta de oportunidad mantienen en sumisión y desesperanza a cientos de mujeres.
Las hay crecidas en su autoestima, validadas en su propia existencia, y asumiendo su cuerpo y su inteligencia como patrimonio de su personalidad, sin relativizarlo y sin reciclarlo en la sociedad de la sustitución; ni bajo el cortejo del hembrismo ni el feminismo y, mucho menos, en el acoso de una patrifocalidad en crisis.
El miedo existe en el modelo, no en las mujeres; la angustia la viven los secuestradores del goce, y en los del amor de la necesidad existencial.
La nueva mujer debe surgir para dar el salto o parir las circunstancias que permitan a las demás mujeres dejar de vivir tan desiguales.
Una mujer proactiva, comprometida, capaz de sintonizar con las demás mujeres y disonante con los procesos maledicientes que afectan a las mujeres. Pienso que esa mujer vive en cualquier hogar, socializa en la escuela o universidad, vive en cualquier barrio o ciudad. Solamente debe asumir con coraje el nuevo rol de la nueva mujer social.
por José Miguel Gómez
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