Reflexiones Para El Alma
Recibe el Amor del Espíritu Santo
Jesús dice en la lectura del Evangelio de hoy que el amor es la llave para estar en unión con Dios. Adorarlo, dice Jesús, significa que nosotros lo queremos y lo abrazamos tan cercanamente que nosotros también mantenemos sus maneras y deseamos imitarlo.
Abrazamos sus enseñanzas, sus maneras de manejar los problemas, su perdón siempre listo y dispuesto, su servidumbre, y su Espíritu Santo.
¿Hmmm, podemos realmente amar así? ¡Jesús nos asegura que el Espíritu Santo nos enseñará todo lo que necesitamos saber para que podamos amar realmente como él!
En la primera lectura, Pablo y Bernabé sanan a un hombre cojo junto con Jesús. Es su amor por Jesús y su confraternidad con el Espíritu Santo que estremeció su compasión por el hombre paralítico y los permitió hacer el milagro. Por medio de la guía del Espíritu Santo, ellos sintieron el llamado para acercarse a el, y el valor para gritar fuertemente, en público, ¡"Levántate, ponte derecho"! aun antes de que tuvieran alguna evidencia de que sus oraciones funcionarían.
Siempre que ayudamos a los demás, nosotros nos unimos con el Espíritu Santo.
Es esta Persona de la Trinidad quien nos permite ir más allá de nuestras capacidades humanas para que realmente vivamos en el reino de las capacidades de Cristo.
Date cuenta de como Pablo dependió de esta asociación: El miró "atentamente" al hombre. ¿Por qué? Sospecho que él estaba preguntando en silencio al Espíritu Santo si el hombre tenía la fe para recibir el amor sanador de Dios. Después él se confío en el Espíritu Santo para proporcionar la curación que el nivel de fe que tenía el hombre permitió. El supo que esa fe viene de tener una relación de amor con Dios. La fe no es un poder, es una unión con EL que tiene el poder. El amor es el desagüe de ese poder.
El Espíritu Santo contesta las oraciones de las personas por medio de nosotros. Pero esta asociación no funcionara a menos que amemos a Jesús tanto que adoptamos su amor por los demás. Las oraciones no contestadas son muy a menudo la culpa de los cristianos que no cumplen con extender la presencia de Cristo en la tierra por medio de sus propias manos, propios pies, su propia voz, y sus propias acciones y ministerio - en amor.
Nuestro amor falta si vemos una necesidad que podemos administrar con la ayuda de Dios pero nos alejamos diciendo, "Dios se encargara de ello sin mí".
Después de la resurrección, Jesús pudo haber reasumido sus actividades normales de ministerio. Imagínate a qué velocidad se hubiera esparcido la cristiandad si él se hubiera hecho conocido visiblemente al público. Aún los Fariseos tercos se hubieran caído de rodillas en adoración si él se hubiera aparecido en la plaza del pueblo predicando y curando y demostrando que él era real mostrando las marcas de la cruz que lo habían matado. Pero como las historias en el Libro de Hechos aclaran, él eligió en cambio, compartir su Espíritu Santo con sus discípulos - quienes somos ahora nosotros - para continuar su ministerio de amor.

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