Nueva visión
Cuando expando mi mente, mi corazón también lo hace. Logro hacerlo cuando tengo receptividad a un nuevo pensamiento o a una idea nueva, o cuando acojo respuestas inesperadas. Si mi mente está cerrada, no puedo efectuar ningún cambio ni en mí ni en el mundo.
Al dejar ir todo pensamiento ilimitado e invitar al Espíritu divino a que transforme mi mente, aprecio las posibilidades infinitas del mundo. Es como abrir un regalo magnífico. Veo la vida de manera nueva y los prejuicios y defensas cesan. Me vuelvo receptivo y dispuesto a considerar otro punto de vista.
Cuando mi mente está abierta, la luz del Espíritu entra en ella. Anticipo e invito sólo a mi mayor bien, y recibo ricas bendiciones.
Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.—Mateo 13:16

Comentarios