Dejar ir
Dejo ir toda preocupación y permito que Dios sea Dios en mi vida.
Aveces nos preocupamos por los asuntos de la vida. Cuando siento ansiedad, recuerdo tomar un momento para orar y reconocer que no estoy solo. Bien sea que tenga que tomar una decisión difícil, superar un reto o resolver un asunto trivial que me atribula, determino orar.
El Espíritu divino obra de maneras desconocidas. Así que en oración, dejo ir la necesidad de controlar el resultado, de tener que lidiar con cada detalle. Reconozco con agradecimiento que todo trabaja para bien. Presto atención a la guía divina y doy gracias fervorosamente al recibirla. Dejo ir mis preocupaciones y permito que Dios sea Dios en mi vida, y prosigo hacer lo que debo hacer.
Cuando comas el trabajo de tus manos, bienaventurado serás y te irá bien. —Salmo 128:2


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