Se rompió el pichirrí

Uno de los primeros chistes que escuché, de tinte grosero según decían en esos tiempos, cuando la patria apenas cumplía poco más de 100 años y la libertad que se celebraba no existía más que en la simulación de todos, fue el de una joven señora, que yendo hacia la carbonera a que el vendedor de carbón le vaciara un saco del preciado producto, dio un traspié y cayó aparatosamente con la falda en la cabeza, de mantilla, enseñando todo lo que el pudor le mandaba ocultar, y levantándose rápidamente, como si no sintiera ningún dolor ni vergüenza, le dice al carbonero: ¿Vio mi agilidad? Y el carbonero, campesino cibaeño, con los ojos muy abiertos le contestó: si, lo vide, pero yo no sabía que se llamaba asina…
Al saber de la noticia que Leonel no va a repostularse nuevamente a la presidencia, después que hizo maravillas y gastó un potosí de nuestro dinero para lograr reelegirse, cuando vio que todos los pensantes y mucho pueblo se oponían y que los 2.2 millones de supuestas firmas “voluntarias” no eran garantía de nada por la forma espuria de su obtención, y que se exponía a un fracaso ante la falta de dinero con las arcas nacionales casi vacías, se levantó ágilmente y nos dice que si notamos que es un “demócrata” y que él no tenía obstáculos que se lo impidiera (pues la constitución es un simple papel sanitario), y nos rastrilla que ha repetido la misma acción dos veces, en un gesto que nunca se había visto en la historia de la república, para la consolidación de la democracia y el progreso de esta nación, la primera a pesar del consejo de Balaguer para que sí se reeligiera, consejo que sí siguió en el 2008 y que se moría por seguirlo ahora.
Remedando al carbonero cibaeño del cuento, tendré que repetir sus mismas palabras: si, lo vide, pero yo no sabía que se llamaba asina… Ofrece ser neutral para con los candidatos… No parcializarse por ninguno de ellos y poner sus 2.2 millones, a la orden del partido. Leer mas
EL AUTOR es ingeniero. Reside en México

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