Reflexiones Para El Alma

Jueves Santo 2011

soy pecador


SEÑOR, lávame mis pies.



Lavando los pies


SEÑOR, lava los pies de  todas las personas que en estos momentos están leyendo estos mensajes  
Jesús no vino a este mundo para ser servido, aunque él es Dios y se lo merece. El vino a servir. El vino a servirte a TI. Y por medio de ti, él quiere servir a todos los que tú conoces.
Después de invitarnos a ponernos cómodos y disfrutar ser servidos por nuestro maravilloso Dios, Jesús dice en el pasaje del Evangelio de hoy: "Yo te he dado un ejemplo a seguir - lo que he hecho por ti, tú también debes hacerlo". Su ceremonia del lavado de pies es un modelo de servicio.
El modelo que él nos da es muy incómodo. Significa amar tanto a los demás, que debemos hacer por ellos buenas obras, incluyendo a las personas no nos caen bien, aquellos cuyos pies están sucios y repugnantes.
Cuando servimos a los que no nos han servido de la manera que pensamos que ellos deben hacerlo, nosotros nos unimos a Jesús llegando a ser la Eucaristía para ellos.
¿Qué significa "ser Eucaristía"?
Primero, nos acercamos a Cristo en la línea de la comunión, responsables de nuestras propias conversiones, diciendo, "yo no soy digno de recibirte...", pero después de que recibimos la Eucaristía, nosotros volvemos a nuestras bancas unidos a Cristo. La Comunión  significa "en unión".
Unidos a Cristo, ahora somos la Eucaristía tanto como lo es el.  Al final de la Misa, nosotros somos comisionados a salir y ser Eucaristía - ser la presencia verdadera de Cristo - en el mundo.
Hace años, Dios me ayudo a entender este punto. En un grupo de oración, yo me encontré sorprendentemente lavando los pies de un sacerdote que había traicionado a sus parroquianos (y a mí y a mi familia y a algunos amigos) por medio de su alcoholismo y lujuria. ¡Déjame decirte, sus pies estaban feos! Pero mucho más feo fue que se negaba a aceptar la verdad sobre sus vicios y pecados.
¿Qué fue lo que se logró lavándole los pies? Hizo una declaración clara acerca de la misericordia. En un nivel personal, me dio la oportunidad de mostrarle que yo estaba dispuesta a servirlo si él estaba dispuesto a aceptarlo como parte de un proceso sanador. Y no estuvo dispuesto, y finalmente el obispo tuvo que quitarlo, pero la ceremonia del lavado de  pies me sano de mi propia desgana de amar incondicionalmente. Jesús lavó mis pies junto con mi corazón. Y obtuve una comprensión mucho mayor del amor que Jesús tiene por mí cada vez que él lava mis pies feos (mis pecados).
Pero recuerda, que Jesús nunca se da por vencido con nadie. Años más tarde, él lavó los pies de este sacerdote con el regalo de la misericordia por medio de un tiempo redentor de purgatorio terrenal, que tomo la forma de una enfermedad dolorosa que comenzó por sus pies y subió al resto de su cuerpo. Soportando dolor que las medicinas no podían eliminar totalmente, él permitió que la enfermedad lo purgara de su orgullo y sus vicios. En esto, experimentó a Jesús abrazándolo con amor apasionado.






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