Reflexiones para el Alma


La sanación después de la traición de Judas
 ¿Cuáles de las Líneas de la Escritura te Brindan Consuelo?


DESPUÉS DE LA TRAICIÓN DE JUDAS

Si alguna vez te has sentido no deseado, infravalorado, o rechazado cuando eras un niño, el abrazo consolador de Dios está en las palabras: "Desde el vientre de mi madre, el Señor me dio mi nombre".


Si tus planes o sueños y tu trabajo duro han sido humillados o han sido tomados como desapercibidos o rechazados; encontrarás ánimo y afirmación en las palabras: "Aunque parece que he trabajado en vano e inútilmente gastado mis fuerzas, sin embargo, mi recompensa está con el Señor."
Si has sido tratado injustamente o tus regalos, talentos y conocimientos han sido bloqueados o han sido considerados sin valor por los demás, encontrarás tu valor en las palabras: ¡"Soy honrado en los ojos del Señor, y mi Dios es ahora mi fuerza"!


En todas estas situaciones, nosotros hemos experimentado la traición.
Dios pone a ciertas personas en nuestras vidas para alimentarnos e inspirarnos, pero todos nos han traicionado de una manera u otra, en un momento u otro.
Algunos son traiciones mayores de las que no hay recuperación en este lado del cielo. Nosotros siempre debemos orar por la sanación y la reconciliación y hacer todo lo que podamos para traer el amor de Dios en esa relación, pero si queremos ser verdaderos seguidores de Cristo, nosotros necesitamos también aceptar estas traiciones de la misma manera que Jesús hizo en la lectura del Evangelio de hoy.
Jesús supo del cántico de hoy de Isaías. Indudablemente, él lo recordó para tener consuelo y fuerza al enfrentar a sus traidores.


La única manera para encontrar el descanso en el abrazo cariñoso, pacificador, y consolador de nuestro Padre es mirando a Jesús en vez de centrarse en lo que nuestros traidores debían y no debían haber hecho. Él sabe cómo nos sentimos. ¡El experimenta la traición junto con nosotros!


En su preocupación por nosotros; nosotros encontramos sanación profunda y paz renovada.
Acepta las traiciones como una conexión íntima a Jesús. Renuncia a ellas clavándolas a su cruz. Después aléjate de su fealdad tomando la decisión de perdonar a tus traidores.
Da gracias a Jesús por tomar tu dolor sobre él mismo. Besa sus heridas la próxima vez que lo recibas en la Eucaristía besando la Hostia. ¡Esto será el principio de tu propia resurrección personal!

Reflexión de Las Buenas Nueva

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