¿Qué herencia les estás dejando a tus hijos?



La mejor herencia que podemos dejar anuestras futuras generaciones es el buen ejemplo, tanto espiritual, moral y físico

¿Te has preguntado alguna vez de donde provienen ciertos patrones de comportamiento en tu familia? ¿Cómo es que algunas familias y pueblos parecen estar condenadas a cometer los mismos errores, a pasar por las mismas pruebas y vivir una vida de aparente desventura que se prolonga de generaciónen en generación?


Cuántas personas conocemos en nuestra sociedad que han recibido fortunas millonarias, pero al parecer los vicios, la perversión y la infelicidad parecen seguirle cada día. Alguien dijo una vez, “De tal palo, tal astilla”. Pensando en esta verdad quiero preguntarte: ¿Te gustaría que tu hijo sea como tú, o que tu hija se case con hombre como tú? ¿Cuál es la herencia espiritual, moral y física que estás preparando para tus generaciones?
Al mirar a Dios nos daremos cuenta que hay una relación directa entre la desobediencia a la voluntad de Dios y la herencia espiritual que dejamos a nuestras generaciones. Cuando visitamos al doctor, se nos consulta acerca de nuestro historial médico para indagar sobre nuestra genética y los riesgos de contraer enfermedades hereditarias. Del mismo modo,descubrimos a través de la Palabra de Dios el paralelo de nuestra vida espiritual con nuestra vida física.
Ahora bien, un estudio más profundo del texto bíblico nos lleva a conocer tres palabras asociadas a lo quelos teólogos conocen como “genética espiritual. En Éxodo 34:6-7 dice: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte,misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y elpecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita lainiquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.” De modo que las palabras pecado, maldad e iniquidad, aunque son generalmente relacionadas la una con laotra, conllevan definiciones diferentes. Pecado es infringir la ley de Dios, ya sea por comisión (quebrantando un mandamiento) o por omisión (pasando por altoun mandato).

La maldad es el derecho legal que tiene el enemigo sobre nosotros a causa de los pecados de nuestros antepasados, y la iniquidad son los comportamientos genéticos de nuestros antepasados que heredamos y que pueden manifestarse en nuestras vidas si dejamos las puertas abiertas. De aquí se desprenden un sin número de maldiciones generacionales que pasamos por alto acausa de la costumbre. Por ejemplo: Inmoralidad sexual, hechicería, idolatría,etc. Es precisamente la iniquidad heredada de nuestros padres de generación en engeneración la que produce maldiciones o fuerzas de maldad que vienen devastando familias enteras con pobreza, enfermedades físicas y mentales, inmoralidad, y problemas familiares. Un buen ejemplo es el caso de una madre soltera cuyos,abuelos se divorciaron y sus padres también. De no haber una ruptura de esa cadena de iniquidad continuaremos prolongando la maldad sobre nuestras generaciones.
El Apóstol San Juan nos dice: “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan1:9). Dejando en claro que hay una diferencia entre pecado y maldad, el Salmista David también dijo: “Lávame por completo de mi maldad, Y límpiame de mi pecado” (Salmo 51:2). Tanto San Juan como el Rey David reconocieron la importancia confesar a Dios nuestros pecados, y clamar al Señor para poner fin a la herencia de maldad en nuestras vidas.

La mejor herencia que podemos dejar anuestras futuras generaciones es el buen ejemplo, tanto espiritual, moral y físico. No podemos esperar que nuestros hijos vivan una vida de entrega a Dios si nosotros mismos no estamos entregados a Él. La decadencia en la moralidad en nuestra sociedad es precisamente producto del mal ejemplo que vamos creando con nuestros patrones de comportamiento, y nuestro distanciamiento de Dios. Aun los malos hábitos alimenticios y la falta de actividad física permean sobrenuestros hijos, acarreando obesidad y enfermedades. Por ende, es importante que de la misma manera que vamos al médico para atender a nuestras enfermedades físicas, prevenir los riesgos de contraer enfermedades genéticas, todos debemos venir al médico Jesucristo para ser verdaderamente libres (Juan 8:34-36). Tú puedes romper con esas maldiciones invocando el nombre de Dios, confesando tus pecados y los pecados de tus antepasados, renunciando a todo lo relacionado con esa pasada manera de vivir y declarando que tu vida, y la de tu familia se alinea hoy con la Palabra de Dios. EL AUTOR es pastor de la Iglesia Visión Celestial, de Nueva York. foto Herminio Amaro.

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