Hoy y todos los días, de 12 a 2 de la tarde soy libre e ilimitado.

Soy ilimitado y asumo la responsabilidad de mi libertad espiritual. Soy libre para decir palabras que edifican y apoyan mi crecimiento espiritual y que fomentan el bienestar de los demás. Soy libre para que al pensar, sólo dé cabida a pensamientos afables y constructivos —aquellos que promueven la integridad y la independencia. Si surge una situación en la que mi libertad parece amenazada, acudo a Dios en mí. Me afianzo en la verdad de que nada ni nadie puede esclavizarme. Hoy y todos los días, soy libre e ilimitado, porque ninguna condición ni situación puede limitar la libertad de mi alma. Respondiendo a la vida y responsable por mis decisiones, soy el espíritu de libertad en expresión. El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.—2 Corintios 3:17

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