Bendigo la Tierra

Me entrego al Espíritu y encuentro descanso para mi alma.

Cuando experimento un desafío, tener fe en el poder y el amor del Espíritu divino me proporciona consuelo. Nunca estoy solo. Recuerdo que cuento con mi valor y con la promesa sagrada del Cristo en mí. Acojo cada reto como una oportunidad para crecer. En la transición de la oscuridad a la luz, obtengo una nueva comprensión acerca de mí mismo y de la vida. Encuentro la fortaleza y resistencia para seguir adelante.

La resurrección sigue a la experiencia de la crucifixión; un renacer magnífico viene después de tiempos inciertos o exigentes. Al entregarme al Espíritu, la paz y el amor me envuelven. Estoy listo para resucitar a todo lo que la vida tiene para ofrecerme.

Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Habiendo dicho esto, expiró.— Lucas 23:46
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