"Brújula para navegantes emocionales".

Este no es el mundo al que nos enfrentamos ni al que se enfrentan nuestros hijos.

A lo largo de los siglos nos habíamos esforzado en domar las emociones,

en encerrarlas en sistemas de vida ordenados y represivos.

Pero no existen ya las estructuras fuertemente jerarquizadas de la Iglesia y de la sociedad,

aquellas que nos hubiesen indicado, hasta hace muy poco,

que lugar ocupar y que papel desempeñar en el mundo.

Ante su dictado solo cabía resignarse o rebelarse.

En este sentido las opciones de vida eran más sencillas.

Hoy vivimos en un mundo que nos abruma con tentaciones y decisiones múltiples

y tenemos que decidir en soledad, sin referentes claros, quienes somos y porque nos merece la pena vivir y luchar.

A caballo entre un mundo virtual y real tenemos que asumir que las decisiones

que tomamos de cara a los demás provocan efectos duraderos.


No podemos escondernos tras la ignorancia, porque hoy en día sabemos

que la violencia engendra violencia, que el odio se multiplica

como las ondas de una piedra que golpea el agua.

Si pegamos a nuestros hijos, probablemente ellos pegaran a sus hijos.

Si les educamos sin desarrollar su autoestima, dejaran que los demás los maltraten.

Si les damos nuestro amor de forma condicional,

solo sabrán amar esperando algo a cambio.

Amplificaran en cada generación el dolor y la ignorancia heredados. El primer paso para entender la emociones de los demás es conocerte a ti mismo..

Nadie te molesta, tú te sientes molesto porque lo que hacen los demás, no es lo que esperabas.

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