"Brújula para navegantes emocionales"

Amar incondicionalmente, ayudar a responsabilizarse de la propia vida y encontrar las soluciones propias de cada quien, no es algo que responde a la forma posesiva de amar de los seres humanos, ni al sentido instintivo de protección de los padres, ni a nuestro miedo visceral al cambio, ni a capacidad innata alguna que nos permitiera, en un mundo ideal, reconocer y sanar nuestras heridas emocionales.
Requiere, en cambio, adquirir una serie de destrezas, de cara a nuestras relaciones con los demás, a nuestra felicidad personal y a la educación de nuestros hijos.
Seria más sencillo si esas destrezas fueran innatas. Sin embargo, no lo son, porque evolutivamente solo estábamos diseñados para cumplir ciertas funciones básicas: bastaba con alumbrar al hijo; con quedarse a su lado hasta que pudiese valerse por si mismo; con satisfacer sus necesidades físicas, porque las emocionales quedaban abrumadas por la presión por sobrevivir. La vida antaño era mas corta y se Invertia poco en el mantenimiento de las estructuras básicas. Amar era, por encima de todo, proteger a los suyos de los peligros del mundo exterior Vivir era, por encima de todo, sobrevivir. Este no es el mundo al que nos enfrentamos ni al que se enfrentan nuestros hijos...

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