Vivir sin decoro o La mancha indeleble de Juan Bosch

ORLANDO DICE
LOS COJONES.- En la campaña de l966, Joaquín Balaguer recordó una anécdota que le sirvió como anillo al dedo para convencer a la opinión de entonces de la virilidad con que asumió sus responsabilidades a la muerte del dictador Rafael L. Trujillo. Contó que uno de los generales de la montonera se regocijaba en decir que en l930, al llegar al poder, “El Jefe” recogió los cojones de todos los hombres de la República y los guardó en una caja fuerte en el Palacio Nacional, y que él -Balagueraprovechó la confusión de la noche del 30 de mayo para recuperar y ponerse los suyos.
Era el Balaguer que sus adversarios zaherían calificando de “muñequito de papel” y le negaban condiciones y carácter para gobernar la nación, pues se le juzgaba testaferro de Trujillo y se le veía como marioneta de los norteamericanos.
Observando el acto del pasado martes, en que veintiséis senadores llevaron una carta al presidente Leonel Fernández y se declararon sus incondicionales, hay que preguntarse qué ha cambiado…
EL DECORO.- El despojo de cojones por parte de Trujillo fue un acto de fuerza, y eso le permitió gobernar –sin rendir cuentas a nadie– durante 31 años. La declaratoria de incondicionalidad de los senadores del PLD fue una decisión voluntaria, conociéndose la intención, pero no el propósito.
La gente entiende que la reelección, pero a veces la gente entiende más de la cuenta.
Ahora, si hay que pensar en la situación por la que debe estar pasando el presidente Fernández que consciente en la prosternación de la principal rama del Poder Legislativo: el Senado de la República, pues veintiséis de treinta y dos es casi un apoyo absoluto. E igual hay que suponer que habrán visto estos legisladores, que no el dominicano común, para expresarse en esos términos y hacerlo ahora. La República no está en peligro, el gobierno se mantiene estable, y la población se adormece en una burbuja en que pierde las ganas y no tiene deseos. ¿A qué, pues, la solidaridad? José Martí escribió que “hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro”…
EL SIGNIFICADO.- La carta en sí no vale mucho, y el lenguaje es poco decoroso, como toda pieza cortesana, pero el gesto ayuda a comprender actitudes y situaciones hacia adentro del PLD y del gobierno.
Reinaldo Pared Pérez no fue al acto de San Francisco de Macorís del pasado 31 de octubre, y tampoco a la entrega de cabezas del pasado martes en el Palacio Nacional.
Nadie lo ha visto estornudar ni lo ha oído toser, por lo que no puede alegar gripe. No fue porque no fue, a pesar de que Danilo Medina autorizó a quienes les consultaron que firmaran el manifiesto y acudieran a la cita. Todavía no hay ruido, o no llega a la calle, pero se advierte falta de sosiego en algunos espíritus. Hay miles de historias sobre cómo se originó la comunicación y la actividad, pero las lecturas son libres, y mucho más ahora que la escritura es china, o que los códigos están encriptados.
De esos veintiséis senadores, la mayoría quiso decir que Pared Pérez no ejerce sobre ellos ningún liderazgo, pese a que ostenta la presidencia de la cámara y es secretario general...
LA MANCHA.- El cuento de Juan Bosch, La mancha indeleble, fue calificado de anticomunista, a pesar de todas sus implicaciones en un tiempo en que la ideología de izquierda ganaba espacio en el continente.
Pero la alegoría era tan fuerte que no había manera de negar su claro sentido de denuncia a prácticas que eran aberrantes y que recordaban la dictadura. Importaba poco que fuera de izquierda o de derecha. El militante era un vil instrumento de subordinación, sin voluntad ni pensamiento.
Aunque los senadores que el martes pasado proclamaron su incondicionalidad al presidente Leonel Fernández pertenecen al PLD, habría que preguntarse cuántos leyeron o han oído hablar de La mancha indeleble. ¡Perdónalos, Bosch, porque no saben lo que hacen!...

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