El Secreto De Henry Ford


Henry Ford, pionero de la industria norteamericana de automóviles, fundador de la Ford Motor Company (1903) y creador del sistema de producción en serie de los famosos modelo T-Ford, había abandonado la escuela a los dieciséis años y murió multimillonario a los ochenta y tres.

El éxito parecía acompañarle igualmente en su vida familiar. Su esposa, Clara Jane Bryant, era inteligente, apacible y generosa. Apoyaba todo su entusiasmo, aunque esto implicase permitirle probar un motor de gasolina en el fregadero.

Sin embargo, el corazón del empresario escondía un misterio insospechado, un tentador enigma que hacía presentir una imagen distinta del hombre.

En “La vida secreta de Henry Ford”, publicada en 1978, su autor, John Dahlinger, afirma ser el hijo del magnate y la hermosa Evangeline Coté. Es decir, el genial norteamericano fue padre no sólo del automóvil, sino también de un hijo bastardo que nunca reconoció públicamente.

Evangeline había llamado la atención de Ford desde que empezó a trabajar en un despacho de su fábrica. Él, absorbido por el embrujo de su atractivo, percibió al primer golpe de vista eso que en ella le sorprendería continuamente.

Descubrió que tenía un carácter voluntarioso y vivaz, que amaba el deporte y la aventura, y que, más tarde, llegó a convertirse en piloto profesional y campeona de carreras de caballos.

Ford la hizo casar con Ray Dahlinger, uno de sus ejecutivos, y le construyó una magnífica casa colindante con la suya, con una escalera secreta que conducía al dormitorio de su “furtivo amor”. Al parecer, Clara fue una buena esposa, pero Henry Ford… En Efesios se lee: “Los esposos deben amar a sus esposas como a sus propios cuerpos”.

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