Dañan Imagen Vaca Criolla

Q ue por simple envidia, pequeñas diferencias o intereses creados se hable mal de una persona, puede verse como cosa común y corriente; pero, cuando a quien se ataca con argumentos falsos que caen en el terreno de la calumnia y el descrédito es a una vaca –animal productivo y noble, pero indefenso e irracional al fin–, es una barbaridad, por no decir que un crimen.

Así es como hay que ver una bien calculada estrategia del sector importador de leche en polvo del país, que por quedarse solo en el mercado del alimento ha pasado del viejo y manejado argumento de que aquí no hay producción para cubrir la demanda nacional, a una agresiva campaña mediática de descrédito, ya no contra hacendados y pequeños criadores locales, sino directamente contra las propias vacas criollas, poniendo en entredicho su salud y, por ende, la calidad de la leche y la carne de las mismas. El tema de la brucelosis, que siempre la ha habido y Ganadería tiene bajo control, es el mismo aquí y en los países de donde proviene la leche en polvo que se importa.

Como lucha de intereses, que es lo que hay en el fondo, se entiende el esfuerzo por apropiarse del mercado, pero nunca argumentos que se saben perversos contra la calidad del producto proveniente del campo dominicano, porque ponen en peligro y pudieran llevar a la quiebra a un sector vital de la economía, como la ganadería. Sólo imaginárselo es para dar grima.


Para que se tenga una idea, mal contados, unos 350 mil o 400 mil dominicanos tienen trabajo fijo en las distintas fincas o pequeños hatos en todo el país, además de los temporeros utilizados en chapeos y otras labores del campo. Fuera de las estadísticas posibles, hay cientos y cientos de campesinos sin finca que tienen una o dos vaquitas que pastorean en caminos o que sueltan donde un amigo, garantizando la leche de sus hijos y la venta de algún sobrante.

Los importadores de leche en polvo, sin embargo (no serían más de tres o cuatro), con un personal mínimo para hacer los pedidos, resuelven, y lo demás es ganancia para el bolsillo. Los ganaderos, que lucían de brazos cruzados, parecen despertar y sacudirse frente al peligro. Ahora, vía el Patronato (hay cientos en el país que no están asociados y nadie escucha su lamento) han pegado el grito al cielo y hay que escucharlos antes de que sea tarde. ¡Hay más!

Comentarios

Entradas populares