
Para ser feliz sólo es necesario disfrutar de la vida y no dar importancia a los pequeños problemas que en ella te puedas encontrar. El niño que presta atención en lo que lo rodea parece desentendido del mundo, ese mismo mundo en el que los adultos -día a día- juegan el juego de la subsistencia en el mejor de los casos, y en el de la avaricia por querer más y más en el peor.
Para ser feliz, señora, señor, sólo es necesario despojarse de la ropa de adulto estructurado, y ponerse la ropa de la inocencia... aunque sea por un ratito.
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