¡Ay Constanza, Constanza!

José Miguel Soto Jiménez

Claro que conviniéndome en el alivio como me convino, después de sufrir en silencio las amarguras de un tramo carretero infernal y peligroso, debo decir que la recién inaugurada carretera de acceso a esta laboriosa y productiva comunidad de Constanza, es de todas las obras que he visto para su reconstrucción, en más de 30 años, la vía con vocación de perfección, funcionalidad y futuro más importante que se ha hecho, no sólo por la magnificencia de su apariencia física fenomenal, y las obras colaterales donde reposa su preservación y mantenimiento, sino por su utilidad para garantizar el acceso seguro a un valle prodigioso, tocado por la belleza de un paisaje feraz, un clima sabroso y por la bendición del trabajo del hombre que con sudor hace parir la tierra.

Es un trabajo bien hecho y para que dure, no sólo porque la empresa que la hizo puso en su desarrollo la calidad reconocida de la que se habla tanto, sino porque las autoridades así lo exigieron y pusieron en ello especial empeño, satisfaciendo el clamor de una población que comprometida con la producción padeció por mucho tiempo la indiferencia pública.

El gobierno de turno y las autoridades del ramo se anotan un tanto apreciable en el reconocimiento general, donde muchos otros “perdieron la faja” en la fe de la gente, torturada con la calamidad y la mortificación de los contribuyentes, y este reconocimiento no sólo es válido porque unas “van de cal y otras van de arena”, sino porque lo único que verifica una oposición efectiva, es su objetividad, la vocación por la justicia y sobre todo, el ejercicio de la verdad que en nuestro medio parece incompatible con la práctica tradicional de la política.

Claro que Constanza se merece esa y otras obras que necesita o que ya se han inaugurado como el aeropuerto, porque es una comunidad progresista que hace por vocación y con éxito, a pesar de los pesares, lo que la nación necesita: producir, crear riqueza y que es con lo único que se puede combatir la pobreza.

Por eso entendemos, o queremos entender esta carretera como un apoyo a la producción nacional en evidente crisis y más aún, como un replanteamiento de las prioridades del gobierno en armonía con las de la población, sus intereses y sus requerimientos, ojalá que así sea, más allá de la politiquería barata, como una iniciativa con sentido nacional y aspiración de futuro.

Si alguien pone en duda, la importancia capital de esta obra, o le huele a otra cosa inconveniente mis palabras, solo tiene que hacer un reconocimiento un domingo por aquellos lares. Disfrutar el marco primordial de la carretera que aludo en un paisaje que vale cualquier esfuerzo y lo justifica. El viaje lo paga la emoción. Pero sobre todo, vea usted la interminable fila de camiones cargados de frutos que bajan del valle encantado para amanecer en todos los mercados de la patria.

Eso vale el artículo y la carretera. Lo demás se apaga con el viejo lamento del nativo del lugar por los efectos de un aislamiento que muchas veces se queda varado entre el pico de las montañas como si se resignara a quedarse para siempre entre las lomas aledañas abrazado de todas sus esperanzas: ¡Ay Constanza, Constanza!

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