EL BUEN LECTOR


El buen lector se hace, no nace, pues la lectura no es un don natural, sino un arte.

El buen lector es el que empieza a serlo antes de empezar a leer, cuando oye ensimismado las historias que le cuentan su padre, o su madre, o sus abuelos.

El buen lector leyó de niño, pues en casa le decían a veces con voz autoritaria “¡A tu habitación a leer!”, y el niño, obediente, se iba a su cuarto, abría un libro y leía. Aquel niño acabó descubriendo con el tiempo la auténtica dimensión de la lectura, y en la lectura su imaginación volaba libre, fuera de aquellas paredes, unas veces muy lejos, otras no tanto. Aquel niño no sabía entonces que se iniciaba así una relación que duraría toda una vida, y no podía imaginar que cada vez que abriese las páginas de una novela, iba a sentir cómo el libro lo acogía, cómo la lectura es un reto, una experimentación, un conocimiento, y el hombre o mujer que es ahora sigue sintiendo la misma curiosidad del niño que fue. Y lee, y cree que es casi imposible que un libro cambie la vida de alguien, pero está convencido de que los libros que ha leído le han permitido vivir otras vidas, han dado otra dimensión a la suya y ha conseguido ver el mundo y entender la vida de una manera que sólo la lectura concede. En alguna ocasión oyó decir a otro que leía para ser mejor. Hoy, otros se lo oyen decir a él. Y no es raro que afirme convencido, tomándole prestadas las palabras al señor don Quijote, que el que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe mucho.

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