Antes de juzgar, comprende.
Vemos los errores de otros. Sentimos en nosotros mismos los efectos de estos errores.
Y los condenamos inmediatamente.
Para siempre, estos seres humanos estarán en las cárceles de nuestras mentes.
Pero, ¡espera un minuto! Antes de emitir un juicio, para un instante y piensa: ¿por qué hizo esto? De nuevo: ¿qué hice yo para que hiciera esto? Y: ¿qué puedo hacer yo para que esta persona se sienta bien conmigo y no haga eso nunca más? Tu mente dejará de ser una prisión para cientos de personas y se volverá un verdadero paraíso para ellas.

Comentarios