El héroe de Pentecostés
El discípulo cobarde y pusilánime que negó varias veces a su maestro y que no ejercicio ningún gesto de honor frente a la crucifixión, aparece como un héroe en los barnices de reacomodamiento del texto lucano que la Biblia recoge bajo el título de “Hechos de los Apóstoles”.
“Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron pasándose sobre cada uno de ellos”. (Hechos 2, del 1 al 4)
Pedro que por menos de eso hubiese corrido aterrorizado, se puso de pié impertérrito para explicar lo ocurrido: “Entones Pedro, con los once a su lado, se puso de pie, alzó la voz y se dirigió a ellos diciendo: ´Amigos judíos y todos los que se encuentren en Jerusalén, escúchenme pues tengo algo que enseñarles.
No se les ocurra pensar que estamos borrachos, pues son apenas las nueve de la mañana sino que se está cumpliendo lo que anunció el profeta Jeol: “Escuchen lo que sucederá en los últimos días, dice Dios, derramaré mi espíritu sobre cualesquiera que sean los mortales. Sus hijos e hijas profetizarán, los jóvenes tendrán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos”.
El grave inconveniente es que quien dijo eso nunca creyó que el mensaje de Jesús, alcanzara las poblaciones no judía, por lo que dichas expresiones no encuadran ni con su visión ni su temperamento. Leer Mas.

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