AGONÍA DE UN ADOLESCENTE

En el barrio dicen que soy malo, me tienen miedo. Mis amigos me traicionan, su saludo es "Hasta nunca compañero". De pronto, escucho unos ruidos, no soy capaz de sostenerme y caigo. Me toco, estoy mojado de un líquido rojo, se me acerca la gente y oigo que dicen: "Gracias a Dios lo mataron, porque ese iba a ser tremendo". Siento la agonía en mi mente, no puedo moverme.
¿Cuándo llegué aquí?. Me siento muy solo, tengo una sensación de amargura y sólo espero encontrar un poco de simpatía, pero no puedo hallarla. Veo cientos de cuerpos en mal estado como el mío. Me han puesto un número y me han colocado en un sitio que dice "Fallecidos con armas de fuego".
El día de mi muerte era como otra cualquiera. Lo último que recuerdo fue que apresuré el paso para sobrepasar a una anciana desesperada. Escuché unos ruidos aterradores y sentí un horrible dolor, me sentí a mí mismo gritando. De repente desperté, todo estaba muy tranquilo, un policía se encontraba a mi lado, luego vi al médico. Mi cuerpo estaba cubierto de sangre, lo raro era que no sentía nada. ¡Por favor no me cubran con esa sábana, no puedo estar muerto!
Me metieron en una nevera. Mis padres me identificaron. ¿Por qué tenía que ver sus lágrimas? ¡Por favor, alguien que se compadezca de mí, que me despierte; "Saquénme de aquí, no quiero ver llorar de esa manera a mis padres". ¡Por favor, no me entierren! Si me dan otra oportunidad, juro que seré el mejor hijo de la tierra.
Yo no era malo, hacía las cosas porque me admiraban, pero ahora me doy cuenta. ¡Dios mío, sólo tengo 16 años…!
Siembra amor y valores en tus hijos; recogerás buena cosecha.

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