La Gallina dichosa
Estas Gallinas se salvaron de uña de caballo, ya que se las tenía preparada a la señora Maritza, la esposa de mi amigo Herminio Amaro, pero a la hora de la invitación ya ella se había ido a Estados Unidos. ¡Qué suerte la de esas gallinitas! Porque tenían las horas contadas y el fogón encendido. Se las perdió Maritza. ¡Qué pena! Y que eran con guineítos criollos.
Bueno, Maritza, cuando vuelva recuérdeme este mensaje, para que no se vaya sin su gallinita.

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