Sexo sin Alma


“Por que no me llama después de acostarse conmigo”. Esa frase ha pasado por la cabeza de miles de millones de mujeres. La llamada posterior a un encuentro es esperada con ansías. Es la reconfirmación de continuidad, es el “sí, me gusto” sin palabras. Muchas no entendemos porque después de un encuentro quedamos atrapadas y ellos no. Nos vimos, nos gustamos y decidimos concretar un encuentro, no hay nada malo en eso. Pero nos quedamos pensando en él y casi siempre con ganas de más.

A veces creemos que lo que ha pasado en un encuentro fue extraordinario, pero eso se cae cuando amanece y el no ha vuelto a llamar. Pasan los días y nada de aparecer. Las mujeres hemos mantenido esta queja desde siempre, ellos desaparecen después del sexo. Y nosotras siempre nos quedamos esperando a que la bella historia que comenzó en la noche anterior continué. Ya los encuentros no son íntimos y cercanos como dice mi abuela. Antes era imperdonable olvidar a una dama después de pasar por su cama, la liberación femenina ha cambiado la historia. Las posibilidades de sexo abierto y desenfadado al precio de “gratis” para los hombres, hace que haya menos compromisos emocionales. Al parecer la historia se trata de cantidad de no calidad

Nosotras nos guiamos por una selectividad diferente, tenemos criterios para acostarnos con un hombre. Cuando lo decidimos es porque hay algo más que gusto, que cuerpo, es una energía. Entramos a la cama siendo unas y salimos siendo otras. Nuestra energía hace una fusión con ese otro. Es imposible que nos desprendamos del sentido emocional, que nos olvidemos de ese vacío que queda cuando el encuentro no es más que doce minutos de sexo sin alma.

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