¡Un balance adecuado!
Cuando te exiges más allá de tus propias habilidades, más allá de los límites de la sabiduría, vas a sufrir los mismos resultados de aquellos que se desgastan al realizar cualquier otro tipo de esfuerzo. He aquí algunos consejos que pueden ayudarte:
(1) Si hubieses crecido en un ambiento lleno de tensiones, no sabrías enfrentar la vida de otra manera. Pero nada va a cambiar, hasta que reconozcas que el stress produce en ti como una adrenalina emocional, y por ello te vas acostumbrando a vivir en ese tipo de situaciones, sin advertir el peligro.
(2) Cuando te encuentras sentado en una silla, y esta comienza a crujir, tu sabiduría interna te dice que es mejor pararte antes que termines sentado en el piso, de igual manera debemos estar atentos a las señales del stress antes que tu salud se deteriore y tu vida ya no pueda ser útil para Dios y tu familia.
(3) Aprende a ser prudente. La prudencia no es otra cosa que elegir en forma cuidadosa que dirección tomar. Para poder hacer un mejor uso de tu tiempo, de tu energía, de tus recursos, tus dones, empieza a trabajar en aquellas áreas que has identificado como tus debilidades.
No intentes cambiar el mundo sin antes haber cambiado tu, trabaja en una o dos áreas a la
vez únicamente.
(4) Identifica aquellas cosas que te estresan. Aprende a adaptarte a ellas, en vez de permitir que estas cosas te dominen y malogren tu carácter. La vida tiene apellido, y este es ¡Cambio!
¿Adivina qué? ¡Hay muchas situaciones en la vida que te van a agotar!
El agotamiento es un límite marcado por Dios, que impide que tu desbordes tus posibilidades y vayas a terminar quemando tu vida.
¿Qué es aquello que te hace segregar ácidos en el estomago, que te produce tensión muscular en el cuello, y trae preocupación a tu vida?
Cuando encuentres la respuesta a esta pregunta sabrás en que debes enfocar tu esfuerzo y en que áreas de tu vida debes trabajar.

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