Nostalgia navideña



Me siento un poco nostálgico en esta Navidad. Todos los símbolos de la temporada están presentes —los árboles de Navidad y las decoraciones en las calles, en las tiendas y en los hogares. Las fiestas y celebraciones, las reuniones familiares. Pero algo falta. Creo que podría ser lo que llamo “la inocencia del espíritu navideño”.

Sé que no debemos perder de vista el hecho de que el verdadero significado de la Navidad para los católicos alrededor del mundo es el nacimiento de Jesucristo, Hijo de Dios, quien vino a salvar nuestras almas. Pero no hay duda de que la costumbre de intercambio de regalos es una parte importante de la Navidad. Por suerte para los comercios, a pesar de la crisis económica global, los centros comerciales están llenos de personas que tratan de elegir el mejor regalo para la persona correcta.

No hay nada como el entusiasmo en la cara de un niño cuando abre los regalos que Papá Noel dejó bajo el árbol. Pero cuando los niños comienzan a crecer y se dan cuenta que reciben regalos se porten bien o no, pierden la inocencia navideña.

Este es el primer año en que mi hija menor no escribe una carta a Santa Claus. Tiene 12 años, así que no me debe sorprender. No sé exactamente cuando fue que ella comenzó a dudar de la existencia de Santa. Quizás las primeras pistas de que algo no andaba bien fue cuando sus preferencias de regalos cambiaron de juguetes a artículos más sofisticados.

¿Que estaría pensando? ¿Que en el taller de Santa Claus se fabrican iPhones y iPods al igual que zapatos de la diseñadora Tory Burch? Me pregunto si ella creyó realmente que Santa traía joyas en su bolsa al bajar por la chimenea y que existe una impresora de tarjetas de débito en el Polo Norte.

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