El doctor Cuello dejó a Trujillo con la mano en el aire


Los que vivimos parte o la totalidad de los 31 años de la llamada Era de Trujillo sabemos que era impensable hacerle un desaire a Trujillo, pues eso significaba la muerte segura. Sin embargo, hubo un médico dominicano que se negó a darle la mano a Trujillo, en presencia de numerosos colegas puertorriqueños, que tildaron de "una locura" aquel desafío tan franco al que luego sería Presidente Perpetuo, hasta que una lluvia de balas le puso fin al régimen de 31 años que encabezó, hecho ocurrido el 30 de mayo de 1961.

El desafío del doctor Leovigildo Cuello no tiene parangón en nuestra historia. Jamás antes dominicano alguno había causado un desaire tan grande a aquel hombre de tanto poder, dueño del país, dueño de sus gentes, dueño de todo, hasta del paisaje y el aire. La historia es la siguiente:

El 3 de septiembre de 1930, a menos de un mes de juramentarse Trujillo como presidente, un poderoso ciclón destruyó la ciudad de Santo Domingo, donde la mayoría de las casas eran de madera y existían pocos edificios. El ciclón, llamado San Zenón, dejó un saldo estimado de 3.000 muertos y 20.000 heridos. Trujillo se nombró a sí mismo presidente de un Comité de Emergencia, para administrar las ayudas aportadas por países amigos.

Historiadores afirman que parte de esa ayuda fue a parar a sus bolsillos, pero que además el régimen aprovechó la confusión para asesinar a muchos opositores, cuyos cadáveres fueron sepultados junto a las víctimas del meteoro, en una fosa común que se improvisó donde está hoy día el parque Eugenio María de Hostos.

Un hombre que dio muestras de un valor extraordinario en medio de esa tragedia fue el doctor Leovigildo Cuello Hernández, un médico con estudios de post grado en París, donde se especializó en oftalmología y otorrinolaringología. El doctor Cuello Hernández regresó al país en 1926, pero a partir de entonces no resistía el ambiente político que se vivía, particularmente a partir del ascenso de Trujillo al Poder. Ese prestigioso galeno era el padre del doctor Luís Cuello Mainardi, el Director Médico de la famosa clínica Corazones Unidos. Hay que decir que tanto los Cuello como los Mainardi Reyna eran todos enemigos de Trujillo.

El doctor Cuello Hernández estaba casado con Carolina Mainardi, cuya familia había sido hostigada tras el asesinado de Virgilio Martínez Reyna, tío de Carolina. La situación llegó a tal punto que el propio Cuello Hernández fue perseguido, por lo que tuvo que marcharse al exilio el 10 de julio de 1930.

Cuando se produce el ciclón de San Zenón, en Puerto Rico se formó un Comité de Ayuda a la República Dominicana, bajo los auspicios de la Cruz Roja Americana. En las reuniones que se celebraron en la Casa de Gobierno de Puerto Rico asistieron numerosos médicos de la isla. El doctor Cuello logró participar en ellas y de inmediato ofreció sus servicios para viajar a San Domingo, con el fin de ayudar a los damnificados. Se instalaron en los terrenos del antiguo aeropuerto General Andrews. El mismo estaba ubicado a escasos kilómetros de lo que en aquel entonces era el centro de la ciudad, ocasionando un problema de seguridad al iniciar el General Rafael Leonidas Trujillo la ampliación de la misma a principios de la década del 50 y con la caída de un avión carguero en el farallón al norte de la avenida Pedro Henríquez Ureña en el patio de la residencia de Marina Trujillo , entre la ave. Tiradentes y la Abraham Lincoln.

Las tierras fueron utilizadas para ubicar al actual Centro Olímpico Juan Pablo Duarte. El gobernador de Puerto Rico, Teodoro Roosvelt, sobrino del presidente de Estados Unidos del mismo nombre, se sintió impresionado por el ofrecimiento del doctor Cuello con motivo del ciclón. Sus colegas, en cambio, le dijeron que si estaba loco para volver a Santo Domingo, de donde había tenido que escapar para evitar ser asesinado. Pero de nada sirvieron los consejos, y el doctor Cuello se enroló en la misión. Los médicos puertorriqueños, entre los cuales había especialistas de todo tipo, instalaron tiendas de campaña debidamente equipadas y comenzaron a prestar su ayuda a quien la necesitara.

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