Diputados y regidores, Comedores Económicos de un país en ruinas con remeros sin sueños



Siento profunda alegría, por el proceso electoral que se avecina. Puede parecer extraño que una persona que sienta aversión por la política sin proyectos de bien común, exprese regocijo por la pléyade de candidatos que aspiran a un cargo en las amamantadas arcas del tren de gobierno.

Primero. Debo ser sincero, la alegría es por la cantidad, mucha gente tendrá la oportunidad de alimentar su ego y su estomago, elevando al dios de la ilusión la expectativa de aprobación de quienes se dicen sus amigos. Aunque resulte curioso, no he escuchado a nadie negar un apoyo al futuro candidato. Incluso quien les habla ha pecado de hipócrita con unos tantos que han invertido en coloridas tarjetas de presentación para ser recordados.


Segundo. Siento alegría por la cantidad, porque es fácil llenar una botella con un chorro de líquido, pero que tal cuando es un torrente. Ahora un torrente de aspirantes, intenta meterse por el maltrecho sendero de la economía pública, que al parecer tiene un letrero al fondo que dice: INAGOTABLE. Esto porque la cantidad y el abarrotamiento provocan hastió, confió en que un número cada vez mayor tendrá en el futuro el sano desprecio por la monigótica cantidad de aspirantes a directores de nada.

Pero hablemos de aspiraciones humanas y de desarrollo. Una población que ven en la política la mejor y única fuente de trabajo, es muy posiblemente, analfabeta y falta de visión. La información de la política de los políticos no rebasa el resultado de un juego de pelota: resultado, 3 a 5 ganaron las estrellas. No preguntes más.


NO existe candidato que pueda planificar mas allá de sus narices, de esa imaginación de buen deseo atiborrada de palabra rancias que huelen a sueños increíbles, solo comparables con la aventuras de Julio Verne. Y todo desaparecerá una vez ocupado el lugar esperado. Solo habrá espacio como no sea para dejar caer ciertas migajas de pan de la ruta cíclica del dinero de impuestos, para ayudas sociales, que mantendrán el status quo y el control de los seguidores de sueños con el dinero que ustedes saben de donde viene. No habrá uno capaz de atraer una fuente de empleo seria, a sus pueblos. No habrá uno que atraiga mas que “ayudas sociales” y artículos repartidos, muy posiblemente porque piense que otra cosa lo hará quedar en el olvido. Hacer un proyecto serio de desarrollo de una provincia o municipio o llegar a acuerdos entre contrarios por el bien común. No que creo que tal idea rebase el primer peldaño del deseo. Puede que se me juzgue de exagerado, pero es la monda verdad.

Pero que hay detrás, veo detrás un pueblo miope, acostumbrado a ser cabra empujada por un mal pastor. Veo a un pueblo acostumbrado a quejarse en el silente marco de cuatro paredes o de una calle esquina pierde tiempo, acostumbrado al sudor pero no al trabajo constante. Eso, trabajador pero inconstante, acostumbrado a decir “la cosa esta mala” pero enemigo de ver nuevos rumbos. Para un pueblo acostumbrado a hacer el bien, con el dinero que no duele, no es de extrañar que las cosas vayan mal hasta no ser agraciado por la sombra de la política. Un pueblo donde mueren los sueños de la inteligencia por la astucia del menos letrado, camina hacia una nueva era entre luces y sombras de holgazanería. Este es y será siempre un pueblo acostumbrado a soñar, pero no a desollar sus sueños. Por eso la política será por mucho tiempo un ideal dominicano.

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