Vacaciones De Mi Marido

Viernes por la tarde. Mi marido viaja a Argentina por una semana a visitar a sus padres. Después del corre-corre de preparar maletas, salir disparada en mi hora de almuerzo al calor y al tráfico de Miami para comprar regalos para sus familiares, para sus amigos más próximos y hasta para sus clientes, pensar en la ropa de abrigo porque en Argentina casi está nevando, copiar música en su MP3, empacar sus medicinas con una nota para su madre para que por favor se asegure que él se las tomará, etc, etc… ¡Quedé agotada! Y mientras lo llevaba al aeropuerto con la última gota de energía y unas ojeras que me las podía patear, pensaba en la profunda sensación de vacío y soledad que sentiría al llegar a casa sin él.En efecto, atravesé la puerta de casa y lo primero que sentí fue eso, un gran hueco. Pero a medida que ponía en orden el caos que había quedado, mientras escuchaba a Joaquín Sabina (que él detesta y yo adoro), comenzaba a sentir una fresca liviandad, que no tenía nada que ver con el profundo amor tengo hacia él y sí mucho que ver con el profundo amor que me tengo a mí misma. Entonces me dije: “Chica, esta semana será TU semana. Serán unas merecidas vacaciones de la vida matrimonial”.Cuando terminé, me prodigué una larga ducha y me recosté en el sofá a mirar el atardecer con mi música y una copita de vino tinto. ¡Ah, qué placer! Fue el comienzo de lo que yo llamo “mis vacaciones de estar casada”. ¿Te cuento todo lo que hice? 1-Tener mi casa perfectamente ordenada, pulcra y perfumada, misión imposible cuando está él y ni hablar los fines de semana que vienen sus dos hijos.2-Acostarme a las 8.30 de la noche a leer a Kundera, después de haber cenado una ensalada griega. Él detesta el queso feta y una ensalada es para él un acompañamiento y jamás un plato principal.3-No tener que encender la hornalla de la cocina más que para hacer el café por la mañana, ni poner pilas de platos en el lavavajillas a las 10 de la noche luego de la cena.4-Hacerme un ritual de belleza, piel, pies, manos, depilación, sin mirar el reloj ni tener que buscar un tiempo propicio para hacerlo. 5-Darme un largo baño de burbujas y dormir muchas horas6-Ir al salón de belleza y dejar que alguien me consienta y me haga sentir una reina por unas horas. Salir bellísima y feliz de haberme hecho ese regalo.La conclusión es que las mujeres nos pasamos la vida pensando en los demás y sólo si queda tiempo, en nosotras. Por eso necesitamos un tiempo propio, que no significa salir de parranda y darse a los excesos, sino todo lo contrario. Es una pausa para reconectarte contigo misma, escucharte, mimarte, conocerte y entenderte mejor. Y como valor agregado, una pausa que enriquecerá tu vida de pareja. Porque nunca has dejado de quererlo con toda tu alma y extrañarlo como loca en estos días. Cuando él regrese, el mejor agasajo que puedes hacerle es esperarlo radiante, plena y energizada luego de unas merecidas vacaciones de tu vida de casada.
QUEREMOS SABER DE TI… ¡Cuéntanos tu experiencia cuando tu esposo está de viaje!

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