Sin rostro y sin palabra
Primera Parte I
Por: Licda. Rosa Lourdes Salazar.

Por: Licda. Rosa Lourdes Salazar.

Me llamó mucho la atención esta frase sin rostro y sin palabra del escritor y psiquiatra José Miguel Gómez, dominicano. El cual me hizo escribir estas palabras para ustedes.
Ayer, hace un tiempo no muy lejano, las personas eran admiradas, respetadas, con un sentido útil y social .Esas personas como padres, maestros, maestras, profesionales, entre otros tenían rostro y tenían palabra.
Hoy se han ido perdiendo esos valores y nos encontramos con el súper hombre creado por la sociedad contemporánea y las personas ya no tienen ni rostro ni palabra.
Las grandes personalidades están entre dichas, no confiamos en sus vivencias, no confiamos en sus palabras. Nos preguntamos ¿A quien le creemos?
Hacen falta hombres y mujeres con rostro y con palabras. Quiero que me hable de tu líder. Los hombres hacen la historia. Tengo sed de saber ¿Cuál es tu líder? Mucho se habla de hombres y mujeres grandes que permean toda la sociedad de todos los tiempos dejando huellas que han cruzado fronteras. Tu líder será el rostro de tu personalidad y se reflejará en tu forma de actual y pensar.
Grandes y pequeños, gestos y cualidades han adornados a esos personajes. ¿Podrás tú ser un líder desde el seno familiar hasta escalar peldaños en la sociedad sin detrimento, ni daño de otro?
¿Ha cambiado tus cualidades positivas con la situación social del momento en que se desenvuelve la vida?
Pobre sociedad que se despedaza en la desesperanza del mal vivir porque ha perdido el sentido de utilidad, de trascendencia y del amor.
Nos hace falta líderes afectivos, personas humanistas, con sentido de vida que nos hagan reír, que sean afables, sinceros/as, simpáticos/as, cómicos/as capaces de quitar la amargura de las inclemencias del tiempo, en el momento que comparte su vida con sus semejantes. Hacer posible la felicidad es más que de un líder, porque de los pequeños está llena la tierra.
Anda y ve plasmando hoy tu propia historia, depura la hoja de tu vida y apunta en ella los valores que te acumularán grandeza espiritual y podrás vivir en paz en el presente, porque mañana en la tumba ya no se acordarán más que de tus propias huellas. Las cuales hablarán de ti.
Mi Rey es Jesús, la mujer de todos los tiempos Maria y mi Madre, mi espejo.
Ayer, hace un tiempo no muy lejano, las personas eran admiradas, respetadas, con un sentido útil y social .Esas personas como padres, maestros, maestras, profesionales, entre otros tenían rostro y tenían palabra.
Hoy se han ido perdiendo esos valores y nos encontramos con el súper hombre creado por la sociedad contemporánea y las personas ya no tienen ni rostro ni palabra.
Las grandes personalidades están entre dichas, no confiamos en sus vivencias, no confiamos en sus palabras. Nos preguntamos ¿A quien le creemos?
Hacen falta hombres y mujeres con rostro y con palabras. Quiero que me hable de tu líder. Los hombres hacen la historia. Tengo sed de saber ¿Cuál es tu líder? Mucho se habla de hombres y mujeres grandes que permean toda la sociedad de todos los tiempos dejando huellas que han cruzado fronteras. Tu líder será el rostro de tu personalidad y se reflejará en tu forma de actual y pensar.
Grandes y pequeños, gestos y cualidades han adornados a esos personajes. ¿Podrás tú ser un líder desde el seno familiar hasta escalar peldaños en la sociedad sin detrimento, ni daño de otro?
¿Ha cambiado tus cualidades positivas con la situación social del momento en que se desenvuelve la vida?
Pobre sociedad que se despedaza en la desesperanza del mal vivir porque ha perdido el sentido de utilidad, de trascendencia y del amor.
Nos hace falta líderes afectivos, personas humanistas, con sentido de vida que nos hagan reír, que sean afables, sinceros/as, simpáticos/as, cómicos/as capaces de quitar la amargura de las inclemencias del tiempo, en el momento que comparte su vida con sus semejantes. Hacer posible la felicidad es más que de un líder, porque de los pequeños está llena la tierra.
Anda y ve plasmando hoy tu propia historia, depura la hoja de tu vida y apunta en ella los valores que te acumularán grandeza espiritual y podrás vivir en paz en el presente, porque mañana en la tumba ya no se acordarán más que de tus propias huellas. Las cuales hablarán de ti.
Mi Rey es Jesús, la mujer de todos los tiempos Maria y mi Madre, mi espejo.

Comentarios