De Casanova a Rubirosa


Parece que el secreto de los grandes amantes de la historia desde Casanova (Giacomo Girolamo Casanova), hasta Porfirio Rubirosa, consiste en enamorar a las mujeres más hermosas y apetecibles y no amar a ninguna.
Es bien claro que las estrategias especializadas del macho dominante no se detienen en la cama.
Cruzan febriles por una confluencia fluvial de labia y de atenciones esmeradas.
Casanova, de su lado, no discriminaba y se iba a la alcoba con la sirvienta y con quien apareciera.
Rubirosa, curtido ya en el complejo mundo de la mujer sofisticada, era más específico y se procuraba las estrellas.
Este delirio paralizante es la muerte del gran amante, aventurero, suelto en el glamour, cosmopolita, con un imán irresistible a mano, más poderoso que el de su “rival”, la mujer, cuyas estrategias, astucias y fórmulas mágico-naturales y redes irresistibles no permiten escapatoria.
Siempre habrá alguien con vocación de ser atrapado.
Si se te ocurre amar ya no eres un genuino amante.
El amante materializa la demanda causal de la amada, la complace hasta en sus mínimos detalles.

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