Que la idea de la muerte no te agobie
Para ahuyentar la muerte... nada mejor que aceptarla.
En una era en la que el final de la vida intenta ser postergado hasta los límites que imponen el cuerpo humano y la ciencia, la preocupación del psicoanálisis es atender a los efectos que la muerte tiene sobre la psique.
Esa es la receta, dicen, para una vida plena donde el fantasma del final deje de echar sombra sobre nuestro día a día.
"No es lo mismo vivir que honrar la vida, como dice la canción. Para que la vida tenga algo de brillo, es necesario poder subjetivar la muerte. Es decir, incluir la muerte como algo que está dentro de la vida misma, no como una contingencia o algo que pasa simplemente por azar o fatalidad", dice a BBC Mundo el psicoanalista argentino Walter Cortazzo.
El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, se refería a la muerte como un espacio irrepresentable: una realidad que para el hombre es imposible de definir y que, como tal, no tiene "inscripción psíquica", como se llama en esta teoría a aquellas nociones que la mente guarda y registra.
Pero, como el mismo Freud pudo comprobar, la realidad pone al hombre frente a la noción de muerte, la propia y la ajena.
La Primera Guerra Mundial, y sus víctimas contadas de a millares, inspiraron al psicoanalista austríaco a escribir sobre el tema -como hizo en "De guerra y de muerte", en 1915- y a afirmar que la muerte ya no podía desmentirse.
"El proceso de 'ahuyentar' se trata, en realidad, de poder asumir. El intento por prolongar la vida de cualquier modo lo único que produce es vacío y aburrimiento, que es otra forma de muerte", señala Cortazzo.
En una era en la que el final de la vida intenta ser postergado hasta los límites que imponen el cuerpo humano y la ciencia, la preocupación del psicoanálisis es atender a los efectos que la muerte tiene sobre la psique.
Esa es la receta, dicen, para una vida plena donde el fantasma del final deje de echar sombra sobre nuestro día a día.
"No es lo mismo vivir que honrar la vida, como dice la canción. Para que la vida tenga algo de brillo, es necesario poder subjetivar la muerte. Es decir, incluir la muerte como algo que está dentro de la vida misma, no como una contingencia o algo que pasa simplemente por azar o fatalidad", dice a BBC Mundo el psicoanalista argentino Walter Cortazzo.
El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, se refería a la muerte como un espacio irrepresentable: una realidad que para el hombre es imposible de definir y que, como tal, no tiene "inscripción psíquica", como se llama en esta teoría a aquellas nociones que la mente guarda y registra.
Pero, como el mismo Freud pudo comprobar, la realidad pone al hombre frente a la noción de muerte, la propia y la ajena.
La Primera Guerra Mundial, y sus víctimas contadas de a millares, inspiraron al psicoanalista austríaco a escribir sobre el tema -como hizo en "De guerra y de muerte", en 1915- y a afirmar que la muerte ya no podía desmentirse.
"El proceso de 'ahuyentar' se trata, en realidad, de poder asumir. El intento por prolongar la vida de cualquier modo lo único que produce es vacío y aburrimiento, que es otra forma de muerte", señala Cortazzo.

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