El problema del orden
Los dominicanos nos vivimos quejando de nuestra falta de orden, de la indisciplina que nos caracteriza y del vivir como chivos sin ley, que nos encanta.
Los dominicanos, en esta encrucijada de caminos en que nos encontramos, no nos hemos planteado individualmente el concepto de orden. Para usar una palabra de moda, no lo hemos conceptualizado.
Pero como nos dice Slavoj Zizek, en "Carl Schmitt en la edad de la post-política",
"no es posible pasar directamente de un orden puramente normativo a la realidad de la vida social; la mediación necesaria entre ambos es un acto de voluntad, una decisión, fundada exclusivamente en sí misma, la cual impone un cierto orden o hermenéutica legal (una lectura de reglas abstractas) (...) Sin embargo, la decisión que salva esta brecha no es una decisión en favor de algún orden concreto, sino primariamente la decisión en favor del principio formal del orden como tal".
Un joven de este tiempo nuestro no se plantea el hecho de por qué debe portarse bien y ser respetuoso y le es más difícil aún si reside en un barrio, donde los ejemplos de éxito son el vendedor de drogas y el matón. Tampoco puede planteárselo el hijo del político, que se hace rico a costa del Estado.
En el proceso de internalización de valores, el acto concreto de ser buen ciudadano, apenas se plantea en los órganos de socialización.
Visto así, tenemos que reconocer que si no trabajamos a los jóvenes, seguiremos reproduciendo esta sociedad podrida en la que no queremos vivir.
Los dominicanos, en esta encrucijada de caminos en que nos encontramos, no nos hemos planteado individualmente el concepto de orden. Para usar una palabra de moda, no lo hemos conceptualizado.
Pero como nos dice Slavoj Zizek, en "Carl Schmitt en la edad de la post-política",
"no es posible pasar directamente de un orden puramente normativo a la realidad de la vida social; la mediación necesaria entre ambos es un acto de voluntad, una decisión, fundada exclusivamente en sí misma, la cual impone un cierto orden o hermenéutica legal (una lectura de reglas abstractas) (...) Sin embargo, la decisión que salva esta brecha no es una decisión en favor de algún orden concreto, sino primariamente la decisión en favor del principio formal del orden como tal".
Un joven de este tiempo nuestro no se plantea el hecho de por qué debe portarse bien y ser respetuoso y le es más difícil aún si reside en un barrio, donde los ejemplos de éxito son el vendedor de drogas y el matón. Tampoco puede planteárselo el hijo del político, que se hace rico a costa del Estado.
En el proceso de internalización de valores, el acto concreto de ser buen ciudadano, apenas se plantea en los órganos de socialización.
Visto así, tenemos que reconocer que si no trabajamos a los jóvenes, seguiremos reproduciendo esta sociedad podrida en la que no queremos vivir.

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